Ximena Aranda Muñoz, Coordinadora de UTP Área Laboral y encargada del Proyecto de Empleo con Apoyo de ANADIME

“El trabajo es un derecho que dignifica a las personas, nos permite alcanzar mayores grados de autonomía y ser más independientes.”

Desde el 2016 la Escuela ANADIME viene desarrollando el Proyecto Empleo con Apoyo, cuyo objetivo es la inclusión laboral de los y las estudiantes que egresan. Este año 2019 el Proyecto ha logrado avances importantes. Para conocer de los inicios, desafíos y estado actual, así como de su relación con la Vivienda Formativa que se implementará a partir de junio, hablamos con Ximena.

Garantizar el derecho al trabajo de las personas en situación de discapacidad intelectual es sin duda una acción determinante para su inclusión social. Cuéntanos cómo nace, cuáles han sido algunos hitos destacados y qué te motivó a hacerte cargo del Proyecto Empleo con Apoyo.

En efecto, el trabajo es un derecho que dignifica a las personas, nos permite alcanzar mayores grados de autonomía y ser más independientes. Así entonces, entendimos que había que desarrollar un proyecto dirigido a las personas que estaban egresando de nuestra institución. Partimos con un piloto el año 2016, con un solo exestudiante trabajando en CENCOSUD y gracias a las competencias que tenía este joven la experiencia tuvo buenos resultados. Se partió obviamente, con un catastro de las empresas que estaban implementando trabajo inclusivo. En forma paralela se convocó a varias consultoras involucradas en el tema, para que presentaran en la Escuela una muestra de lo que hacían, a la que asistieron exestudiantes con sus apoderados. Había que derribar hartos mitos, muchos prejuicios y temores. Pero lo más importante, fue darnos cuenta que nuestros egresados no encajaban con los requerimientos de las consultoras, porque el nivel de competencias y desarrollo cognitivo que buscaban era más alto.

Comencé a articular redes con fundaciones que tenían un universo de personas parecido al de nosotros; a raíz de esto, nos ofertaron algunos puestos de trabajo y continuamos el proyecto con los egresados de la generación 2017 y 2018. Actualmente tenemos en inclusión laboral a un joven en el Mall Arauco como operario de retail, una joven trabajando en el Casino New West, un joven en el Portal Ñuñoa y en abril entran a trabajar otros dos jóvenes, uno como auxiliar de chef y otro como operario en Tiendas París. Acabo de convocar a cinco exestudiantes para que participen en un curso de operarios de retail que se llevará a cabo en las dependencias de COANIL. Y establecimos convenios con CENCOSUD y la Universidad Autónoma para el desarrollo de prácticas laborales, lo que significa que ahora entran 12 jóvenes a tiendas de retail y otros 12 al casino de la universidad; 24 egresados que presentan las condiciones para ir a estos lugares y en el camino vamos viendo si realmente les gusta, si tienen interés, si se sienten cómodos en el lugar.

Lo que relatas es un logro muy significativo. Los desafíos deben ser grandes también.

Así es, hay desafíos en distintos ámbitos. Acceder a un empleo significa tomar decisiones respecto de variadas cosas. Si puedo insertarme en un trabajo, realizando bien las funciones, voy a recibir una remuneración sobre la cual debo decidir qué puedo hacer con ella, para qué me alcanza verdaderamente, cuáles son las prioridades, en qué me ayuda o a quien ayudo. Tenemos que desarrollar en los jóvenes el uso de la remuneración, que entiendan la proporcionalidad, para qué les alcanza. Obviamente, el gran desafío es seguir avanzando en la inclusión para satisfacer las expectativas de los propios jóvenes. Tienen muchas ganas de salir a trabajar y desarrollar una vida adulta. Quieren hacer las cosas por si solos. Hombres y mujeres, quieren salir del colegio a desarrollar prácticas laborales.

Como principio, a todos se les da la oportunidad, pero deben tener motricidad manual, nociones de cálculo, lectura funcional de logotipos, movilización en transporte público, un ritmo adecuado con las exigencias de los lugares, una compresión verbal de instrucciones, sentido de ubicación espacial y entender que están en una situación laboral y que tienen que auto cuidarse, tener control de sus emociones, respeto por ellos y el entorno. Porque acá están en un ambiente cien por ciento protegido. Es un desafío muy grande y por eso este proyecto se debe trabajar desde los niveles básicos para transitar hacia la vida adulta, instruirlos en una vida funcional de autonomía y de independencia.

En julio del año pasado se puso en marcha el Programa Derecho a la Vida Independiente, PRODEVIN, que entre sus estrategias tiene la implementación de una Vivienda Formativa donde los y las jóvenes desarrollarán rutinas para alcanzar, precisamente, mayores grados de autonomía e independencia. ¿Cómo se tiende un puente entre el proyecto que diriges y esta estrategia, qué relación ves entre ambas iniciativas?

La Vivienda Formativa es muy relevante. Es un escenario ideal para ver cuáles son los intereses, cuáles son las habilidades funcionales que tienen los jóvenes para poder independizarse. Aunque seguirán viviendo con sus padres, necesitan independencia. Este espacio contribuiría al desafío de plantearse una vida más autónoma. El convivir con otros, participar de rutinas cotidianas es súper importante. Hoy llegan en furgón, vuelven a sus casas en furgón, salen con sus padres y madres de la mano, los levantan, los bañan. Y ellos y ellas están cansados de esto, lo manifiestan, quieren salir, todos quieren ir a hacer prácticas, porque les permite estar en contacto con la sociedad, con las necesidades que uno tiene como ciudadano. Pienso que la Vivienda Formativa es un espacio concreto e idóneo para que ellos comiencen a tomar conciencia de que son personas con derechos. Es ideal poder convocar a los que ya están en el proyecto, a este espacio donde pueden compartir, conversar, realizar tareas, aprender  a preparar su ropa para el día siguiente o a cocinarse. Si ya fue un crecimiento salir a prácticas laborales, sería mucho mayor si ellos y ellas pudieran vivir periodos concretos de independencia.

Lo importante es cómo hacemos que los padres entiendan la Vivienda Formativa como un espacio de crecimiento y no como un espacio de mera recreación, que lo vean como una experiencia de ejercicio de derechos y no como unas vacaciones. Queremos que se sientan dignos, personas, que pueden hacer sus cosas, que se sientan capaces. Ahora bien, no hay que olvidar que el ocio también debe estar presente, porque eso conecta al ser humano con intereses profundos. Por todo ello es que hablamos de una Vivienda Formativa con apoyo de especialistas, para que aprendan cuando deben hablar, cuando escuchar, cómo adecuarse al tipo de conversación, seguir las instrucciones, ejecutarlas.

Los jóvenes quieren trabajar y socializar con otras personas. Cuando entro a una sala, se apuntan asimismos con el dedo, diciendo yo quiero hacer la práctica, yo quiero salir, me toca a mí. Me ven y siento que me dicen, dame la oportunidad. Y está bien la inclusión laboral, pero necesitan un espacio con sus pares, donde puedan conversar de sus intereses, proyectos, gustos, necesidades emocionales. Trabajando, la sociedad lo puede mirar como una persona incluida, pero no se ve las relaciones afectivas de la vida cotidiana.